Cultura

Jenny Valencia, de El Peñol, publica con Angosta Editores su novela «Los muertos no eran tantos»

2026-04-23
Imagen de Jenny Valencia, de El Peñol, publica con Angosta Editores su novela «Los muertos no eran tantos»

San Antonio del Remolino es el nombre del pueblo imaginado en las páginas de «Los muertos no eran tantos», la primera novela de la escritora y docente peñolense Jenny Valencia, que ha sido publicada por Angosta Editores y sumerge al lector, desde la poesía y la ficción, en el acontecimiento histórico de la inundación de El Peñol.

El libro, incluido en la colección Ópera Prima de la editorial, es una aproximación poética a las emociones y la intimidad de quienes vivieron esa inundación como desarraigo y pérdida.

En diálogo con MiOriente, la autora, Jenny Valencia, precisa que «más que narrar un hecho histórico, como la inundación, quise contar las emociones que atravesaron quienes la vivieron. Es ese el centro de la novela: el desarraigo de las personas. Los que tuvieron que despedirse, los que no se querían ir, los que dejaron sus casas, sus animales, sus muertos […]; quise ir muy adentro de mis personajes, quizás para descubrir algo que no conocía».

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En buena medida, es por eso que, en vez del nombre de El Peñol, en el libro aparece un nuevo territorio, casi mítico, de nuestra literatura: San Antonio del Remolino. El nombre proviene de la denominación del primer resguardo indígena que tuvo El Peñol, y aporta a la vez estructura y concepto a la novela.

«Siempre pensé en el pueblo como un personaje de la novela, que describe y determina las acciones de los otros personajes, por eso pensé mucho en su descripción y en crear una atmósfera que fuera familiar para el lector», comenta Jenny Valencia.

Jenny Valencia, de El Peñol, publica con Angosta Editores su novela «Los muertos no eran tantos»
Jenny Valencia, autora de «Los muertos no eran tantos», fotografiada por Jhon Fredy Gómez.

Si bien la obra puede tener «guiños a la realidad», no es, empero, una novela histórica. «Y aunque debe quedar claro que no es una novela histórica, es ficción, sé que los habitantes de El Peñol podrán reconocer lugares, eventos y personalidades que marcaron nuestra historia», agrega la autora.

El libro consta de 163 páginas y ya se encuentra disponible en las principales librerías del país, incluso, por estos días, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Los eventos oficiales de lanzamiento comenzarán el 23 de mayo, a las 3:00 de la tarde, en la Réplica del Viejo Peñol, y seguirán en Medellín, el 4 de junio, en la librería Antimateria.

Jenny Valencia, de El Peñol, publica con Angosta Editores su novela «Los muertos no eran tantos»
Créditos: Angosta Editores

Entrevista a Jenny Valencia por su novela «Los muertos no eran tantos»

¿Quién es Jenny Valencia?

Soy profesora de lengua castellana, de bachillerato, en la institución educativa Ciudad Don Bosco, un colegio público de la ciudad de Medellín. Nací en El Peñol, y me mudé a Medellín en el 2014 cuando inicié el pregrado en Licenciatura en Lengua Castellana, en la Universidad de Antioquia. Luego inicié una maestría en Literatura, en la Universidad Pontificia Bolivariana, de donde surgió la primera versión de esta novela, «Los muertos no eran tantos».

Comencé a leer en el colegio, gracias a la curiosidad que despertó en mí una maestra de español. Desde entonces, la escritura y la lectura me acompañan incondicionalmente.

¿Cuáles son los libros que más han marcado su escritura?

Sin lugar a dudas, toda la obra de Gabriel García Márquez, especialmente «Cien años de soledad». Sin embargo, la lectura de «En diciembre llegaban las brisas», de la escritora barranquillera Marvel Moreno, trazó, de alguna manera, mi ritmo de escritura. Podría mencionar a otros igual de importantes, como Rulfo con «Pedro Páramo» y William Faulkner con «Luz de agosto» y «El ruido y la furia».

El epígrafe de su novela cita a Juan Rulfo. ¿Qué valor tiene para usted la memoria?

Más que la memoria, traje a Rulfo porque me enseñó a escribir sobre la muerte, un tema que ha sido un tabú para mí, por muchas cosas personales. Rulfo dialoga con ella a través de sus personajes, incluso de una manera muy literal, algo que he podido hacer para hablar de las cosas que solo la literatura puede decir. Y bueno, qué más que la memoria para tener presentes a quienes ya no están.

Podríamos situar a San Antonio del Remolino dentro de una tradición de ciudades míticas de la literatura latinoamericana, que tienen un poco de lugares reales e inventados, como la misma Comala, o Macondo y Santa María. ¿Qué tanto tiene de El Peñol y qué tanto de invención este pueblo ficticio?

Siempre pensé en el pueblo como un personaje de la novela, que describe y determina las acciones de los otros personajes, por eso pensé mucho en su descripción y en crear una atmósfera que fuera familiar para el lector. Por eso escogí ese nombre, porque fue como se denominó el primer resguardo indígena que tuvo El Peñol, y después de una discusión con las editoras decidimos que sí, que debía quedar tal cual el nombre real. San Antonio del Remolino se construye a partir de las historias que desde niña escuché de El Peñol, tanto en el museo como de mi propia familia. Si bien no sigue una línea de tiempo ni se ciñe a los nombres de personas reales en El Peñol, sí dialoga con mitos y leyendas populares. Y aunque debe quedar claro que no es una novela histórica, es ficción, sé que los habitantes de El Peñol podrán reconocer lugares, eventos y personalidades que marcaron nuestra historia.

Pienso en ese «del Remolino», porque juega con la dinámica de movimiento del agua, girando vertiginosamente hacia un centro. ¿Tiene algo que ver con la estructura o el concepto de la novela?

Por supuesto. La novela toda es agua, es corriente, es movimiento. Marca el ritmo de los personajes y de las acciones, los determina, los hace quienes son. Y no es gratuito. Cuando estaba haciendo mi investigación previa a la escritura, encontré que Antioquia cuenta con la presencia de al menos 29 ríos, lo que nos hace tener un sistema hídrico muy particular. Y asimismo, como se forman estos torrentes en nuestro territorio, también están presentes en la novela, como algo que transforma, que nos obliga a movernos.

¿Es la primera vez que la historia de la inundación de El Peñol se cuenta en formato de novela? ¿Cómo fue el proceso de escritura?

La historia de la inundación de El Peñol ha sido narrada muchas veces, aunque en otros formatos. Una de las obras más importantes, y que fue fundamental para mí, es el libro de cuentos de «La segunda muerte de la tía Milita», del escritor peñolense Juan Manuel Tejada. También hay mitos, leyendas y obras audiovisuales que narran lo que ocurrió. No estoy segura si es la primera novela, aunque reitero que no es una novela histórica, pero el proceso de escritura estuvo marcado, principalmente, por lo que me contó la gente del pueblo. Los sacerdotes, mi abuela, mis tías y otros que vivieron la inundación. También me documenté mucho sobre otros aspectos importantes, como la historia de los Quinchía. Todo es ficción, con muchos guiños a la realidad.

Vargas Llosa citaba una máxima de Balzac: «La novela es la historia privada de las naciones», para enfatizar en la importancia social de la novela al abordar hechos históricos. ¿Cómo fue esa entrada a la intimidad de unos personajes que vivieron, como miles de personas de carne y hueso en El Peñol, esa inundación?

Creo que más que narrar un hecho histórico, como la inundación, quise contar las emociones que atravesaron quienes la vivieron. Es ese el centro de la novela: el desarraigo de las personas. Los que tuvieron que despedirse, los que no se querían ir, los que dejaron sus casas, sus animales, sus muertos. Traté de hacerlo de una manera muy respetuosa, teniendo en cuenta que yo no lo viví, pero que siento que hace parte de mi identidad y la de todos los peñolenses; quise ir muy adentro de mis personajes, quizás para descubrir algo que no conocía.

Conozca más sobre la novela

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