En un entorno donde la economía global entra en una etapa de “normalización” tras los desequilibrios de los años recientes, Adolfo del Cueto Aramburu pone el foco en una realidad que afecta de manera directa a México y a América Latina: crecer en un mundo de menor impulso, navegar tasas e inflación con mayor persistencia y tomar decisiones financieras con más disciplina, transparencia y tecnología.
Del Cueto —vinculado a una firma con ADN regional y trayectoria construida entre México, Estados Unidos y Latinoamérica— insiste en que el reto ya no es “adivinar” el mercado, sino entender las fuerzas estructurales que están reordenando la economía moderna: la desaceleración gradual del crecimiento global, la resistencia de la inflación en economías clave, la evolución de las tasas y la necesidad de gestionar riesgos con herramientas más sofisticadas.

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Una economía global que se enfría… sin colapsar
El diagnóstico de Del Cueto parte de un punto simple: el mundo transita hacia un crecimiento moderado, con ajustes graduales en inflación, tasas y mercados financieros.
En ese escenario, las economías desarrolladas mantienen un ritmo “resiliente pero cauteloso”, mientras que los grandes motores emergentes siguen avanzando, aunque con menor vigor. El resultado es un contexto menos explosivo —y también menos indulgente— para decisiones de negocio, inversión y planeación patrimonial.
Para México, esta dinámica suele leerse en clave práctica: si el crecimiento global desacelera, si el dólar cambia de sesgo y si los commodities dejan de empujar como antes, la ventaja ya no está en reaccionar. Habrá que prepararse con estrategia, diversificación y gestión de riesgos, especialmente cuando el mercado se mueve por narrativas que cambian semana a semana.
Estados Unidos como variable decisiva para México y la región
En la visión de Del Cueto, Estados Unidos seguirá siendo un punto de referencia central en 2026 por su capacidad de sostener un crecimiento relativamente estable frente a la desaceleración global.
La lectura no es triunfalista: el escenario reconoce un riesgo moderado, pero con base en consumo, mercado laboral relativamente estable, condiciones financieras más flexibles por recortes de tasas y un impulso de inversión ligado a la inteligencia artificial y la productividad.
A la par, la inflación en Estados Unidos se perfila como un desafío persistente: podría seguir por arriba de la meta oficial durante 2026, con una moderación gradual hacia fin de año, pero sin regresar rápidamente al “2% perfecto”. Esa resistencia inflacionaria obliga a ser prudentes con supuestos, valuaciones y estructuras de portafolio.
Y en tasas, la expectativa es de normalización gradual: un camino donde los recortes no necesariamente serán tan acelerados como muchos descuentan, y donde la política monetaria seguirá condicionada por empleo e inflación.
“Sin rodeos”: los retos reales de la economía moderna
Del Cueto resume los retos actuales —para inversionistas, familias e instituciones— en cinco frentes concretos:
Inflación más “pegajosa” y decisiones con menos margen de error. Cuando la inflación tarda más en ceder, la planeación financiera no puede apoyarse solo en promedios históricos. En la práctica, esto implica revisar expectativas de rendimiento real, costos de capital, estructuras de deuda y tolerancia al riesgo con mayor frecuencia.
Tasas que bajan, pero no “regalan”. El ciclo de recortes puede abrir oportunidades, pero también crea un entorno donde es fácil confundir alivio con complacencia. La disciplina —en duración, calidad, liquidez y diversificación— vuelve a ser el diferenciador.
Riesgo fiscal y sensibilidad del mercado. El debate fiscal en economías grandes se traduce en volatilidad, movimientos en moneda y cambios de apetito por riesgo. Del Cueto subraya que, en este contexto, la gestión patrimonial moderna requiere mirar escenarios, correlaciones y concentración con lupa.
Commodities: el petróleo deja de ser “seguro” y el oro vuelve a escena. Las perspectivas plantean un petróleo con trayectoria descendente en 2026, afectado por factores estructurales y sobreoferta global. El oro mantiene una tendencia alcista —aunque más moderada que episodios recientes—, reforzando su papel como activo de refugio en ciclos de incertidumbre.
Tecnología: ya no es opcional, es infraestructura de confianza. La economía moderna no solo se entiende con macroeconomía: se ejecuta con tecnología. IA, automatización, analítica avanzada, ciberseguridad, plataformas en la nube y herramientas de consolidación patrimonial ya forman parte del estándar competitivo, no del “futuro”.
El punto de México: asesoría sin conflicto de interés y decisiones informadas
En un mercado donde muchas recomendaciones financieras pueden estar contaminadas por incentivos comerciales, Del Cueto enfatiza la relevancia de un enfoque del lado del cliente: un modelo donde el asesor no depende de comisiones por colocar productos, y donde la selección de instrumentos se hace sin sesgos de “producto propio”.
Esa lógica se apoya en cuatro principios operativos:
Honorarios directos por asesoría (fee-only), para alinear incentivos.
Selección objetiva de soluciones disponibles en el mercado, sin fabricar productos propios.
Custodia en instituciones reguladas, con separación clara entre asesoría y resguardo del dinero.
Transparencia operativa, con explicación del porqué detrás de cada decisión.
En un entorno como el mexicano —cada vez más sofisticado, más digital y más expuesto a shocks externos— esta propuesta conecta con una necesidad creciente: tomar decisiones con claridad, sin letras chiquitas y con visibilidad real del riesgo.
Una trayectoria regional con raíces en México y operación global
La perspectiva de Del Cueto se explica también por el camino recorrido. El proyecto Bulltick nació alrededor de 1999, con la idea de habilitar a inversionistas mexicanos para operar en mercados de Estados Unidos mediante una plataforma tecnológica; tras el cambio de ciclo, el enfoque evolucionó hacia clientes institucionales, resolviendo fricciones operativas y elevando eficiencia en transacciones transfronterizas.
Con el tiempo, la firma consolidó presencia regional, sumó capacidades y expandió su oferta: incorporación de servicios patrimoniales, soluciones tecnológicas para clientes privados y fortalecimiento de infraestructura. En México, un hito clave fue obtener una licencia como Asesor de Inversiones Independiente, en un contexto regulatorio que exige robustez operativa.
En paralelo, la organización ha destacado un rasgo cultural esencial para enfrentar los retos modernos: construir a largo plazo, sin atajos, con enfoque en servicio, transparencia y trabajo en equipo, evitando la arrogancia como enemigo interno de la toma de decisiones.
El nuevo “estándar” de la gestión patrimonial: datos, riesgo y visibilidad
Del Cueto describe una transformación clave: el cliente moderno —incluyendo familias patrimoniales y nuevas generaciones— ya no acepta una asesoría “a ciegas”. Exige una experiencia digital fluida, seguridad de clase mundial y visibilidad casi en tiempo real del patrimonio, riesgos y decisiones.
En esa transición, tecnologías como IA y machine learning, RPA, nube, APIs, analítica avanzada y modelos de IA generativa empiezan a operar como multiplicadores de productividad y precisión en análisis, reporteo, monitoreo y comunicación.
Además, la digitalización aumenta capacidades, pero también eleva exigencias. Seguridad de la información, identidad digital, controles de acceso, gobernanza de datos y due diligence tecnológico se vuelven parte del “core” del negocio financiero.
Alternativos: diversificación con reglas claras (y sin romantizar el riesgo)
En el debate sobre economía moderna, Del Cueto incluye un tema que crece en interés en México y LATAM: las inversiones alternativas. Son activos fuera de acciones y bonos tradicionales —private equity, venture capital, real estate, private debt, hedge funds, entre otros— y suelen estar dirigidos a inversionistas calificados por su complejidad, iliquidez y riesgos específicos.
La tesis es directa: los alternativos pueden aportar diversificación y ayudar a mitigar volatilidad, pero exigen selección rigurosa de gestores, monitoreo, proyección de flujos (capital calls y distribuciones) y una arquitectura de reporteo clara.
En real estate, por ejemplo, el panorama reciente ha estado marcado por retos como refinanciamiento en tasas altas, presión en costos operativos y ajustes en valuaciones; la conclusión práctica es que el diferencial lo hace la estructura, la diversificación por segmentos/geografías y la transparencia operativa (reportes, auditorías, administración externa).
Claridad, disciplina y confianza para el siguiente ciclo
“Sin rodeos” no es solo un título: es la forma en la que Adolfo del Cueto plantea el momento actual. La economía moderna —con crecimiento moderado, inflación persistente, tasas en transición, commodities reacomodándose y tecnología reescribiendo procesos— obliga a dejar atrás la improvisación.
Para México y Latinoamérica, el mensaje se traduce en tres prioridades: educación financiera práctica, asesoría alineada al cliente y gestión del riesgo apoyada en datos y tecnología. En un mundo donde el ruido abunda, la ventaja competitiva vuelve a ser lo básico bien hecho: transparencia, método y visión de largo plazo.