La Iglesia católica colombiana está de luto por el fallecimiento de monseñor Ignacio Gómez Aristizábal, arzobispo emérito de Santa Fe de Antioquia y una de las figuras religiosas más representativas del Occidente antioqueño. El prelado, nacido en el municipio de El Peñol, dedicó más de seis décadas al servicio pastoral y dejó una profunda huella en diferentes regiones del país.
Monseñor Gómez Aristizábal nació el 2 de diciembre de 1929 y fue ordenado sacerdote en 1958. Durante sus primeros años de ministerio desempeñó diversas labores en la entonces Diócesis de Sonsón-Rionegro, donde ejerció como vicario de la Catedral de Rionegro, delegado de Acción Social y párroco de San Antonio de Pereira.
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En 1972 fue nombrado obispo de la Diócesis de Ocaña, en Norte de Santander, responsabilidad que ejerció durante dos décadas. Posteriormente, en 1992, san Juan Pablo II lo designó arzobispo de Santa Fe de Antioquia, cargo que desempeñó hasta 2007, cuando presentó su renuncia por límite de edad.
A lo largo de su ministerio fue reconocido por impulsar iniciativas sociales, educativas y pastorales, además de su cercanía con las comunidades y su compromiso con la formación de nuevas generaciones.
Su fallecimiento ha generado múltiples expresiones de condolencia entre sacerdotes, líderes comunitarios y fieles católicos, quienes destacan el legado espiritual y humano que dejó en Antioquia y en otras regiones del país.
Las honras fúnebres se realizarán en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Santa Fe de Antioquia, donde será despedido por la comunidad católica que acompañó gran parte de su ministerio.
Con la partida de monseñor Ignacio Gómez Aristizábal, Antioquia despide a uno de sus más destacados pastores y a un hijo ilustre de El Peñol, cuya labor trascendió las fronteras del Oriente y el Occidente del departamento.