Por Natalia Montoya Cardona.
Bajo el peso de su propio color,
dos fucsias se inclinan como cuerpos que saben
el lenguaje secreto de la caída.
Modulan, vacilan, circundan;
la cercanía es acaso un presagio.
Son dos, juntas, en la breve eternidad del tallo,
meciéndose en un pacto de rosa y sombra,
como manos que guardan un secreto.
¿Es la piel la raíz?
Y apenas se rozan entrelazadas en el viento,
mientras el mundo se pierde en su equilibrio.
Se abrazan, pero no se entregan
y las palabras se consagran
en un silencio dulce que no se nombra,
como un murmullo de alas en la tarde,
a orillas de un vuelo pausado.
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«Todos invocan la Patria, todos se odian»: palabras de Amadeo de Saboya que parecen dichas a Colombia
«Amadeo descubrió algo que duele admitir: el enemigo más peligroso no es el de afuera. Es el de adentro que dice querer lo mismo que tú, pero está convencido de que su camino es el único y el tuyo es una traición».
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Lo de nacer y ser madre
«Nacer con instinto materno es suficiente y necesario para después de algún tiempo, ser cuidador y a la vez ser también, casi, la madre de nuestros padres. Y viene ahí lo de ser madre por naturaleza».
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El músico que no hace solos: una lección sobre el valor de lo ordinario
«Reconocer que tu labor tiene valor sin necesidad de aplausos no significa que dejes de esforzarte, significa que dejas de medir tu esfuerzo por el reconocimiento ajeno».

